MOLINOS DE LA MANCHA

Hacia el siglo XVI el interior de la península sufre una sequía devastadora que obliga a la búsqueda de otras fuentes de energía. Los últimos cruzados que regresan de Tierra Santa y la llegada de la Orden de Malta a España se consideran hoy los posibles emisarios de una nueva construcción localizada por vez primera en Jerusalen que, aprovechando la fuerza del viento, era capaz de poner en funcionamiento toda una maquinaria destinada a moler el grano. Situados en lomas y cerros, los molinos de viento, generalmente agrupados, se pusieron en funcionamiento para proporcionar alimento rápido a los soldados y a una población acuciada por el hambre, aunque en cada zona adoptaron características específicas. En Castilla-La Mancha se trata de una alta edificación cilíndrica de mampostería muy desigual que termina en una cubierta cónica construida en un principio de paja, más tarde de madera y luego de zinc. Por un lado de la caperuza, el opuesto al palo de gobierno, se abre una especie de tronera por donde asoma el eje y en el que se sujetan las aspas, generalmente de álamo negro, una de las maderas utilizadas entre las otras cuatro necesarias para la elaboración de según qué piezas de la maquinaria; encina, roble, pino y álamo blanco.

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